Luces y sombras, el claroscuro de la fotografía

Una característica inherente de los objetos o sujetos iluminados es que proyectan sombras. Algunas son incómodamente visibles; otras, perfectamente invisibles. Pero todas están ahí. Es tarea del fotógrafo usarlas de tal forma que algo que parece condenado a estropear una toma se convierta en parte componente de una obra maestra. Las luces y las sombras son la esencia de la fotografía.

Es un hecho: las sombras aparecen cuando la luz incide sobre un objeto y éste, a su vez, proyecta su silueta. En ocasiones, estas sombras se atenúan por la existencia de múltiples fuentes luminosas o porque el haz de luz se ha difuminado antes de incidir en el objeto. Esto es debido a que nuestro ojo puede captar una gama de luces mucho más amplia de lo que puede hacerlo el CCD.

A través de nuestros ojos, por tanto, tenemos la capacidad de interpretar, tanto en las luces como en las sombras, muchos más detalles sin excesivos contrastes. No obstante, esto no sucede cuando captamos la misma escena en una imagen fotográfica. Así, una sombra que a ojo desnudo apenas si es relevante, en una fotografía adquiere un terrible matiz negro y una opacidad negativamente relevante.

Los flashes integrados en las cámaras suelen dejar como tarjeta de visita una acusada e incómoda sombra, debido, sobre todo, a la dureza de su destello.

Se ha definido a la iluminación como “el arte de controlar las sombras”. Aunque en un principio podría parecer que las sombras deberían ser eliminadas o reducidas a su mínima expresión en cualquier toma, hemos visto que gracias a ellas apreciamos nuevos detalles y asimismo dotamos a las imágenes de dimensiones substanciales. Si no la más importante, una de las más importantes tareas de la iluminación fotográfica es garantizar un buen uso de las sombras.

Duras y difusas

Por regla general, una fotografía con una iluminación uniforme y constante tiende a parecer plana y sin perspectiva. Los detalles se pierden y la imagen, en conjunto, pierde fuerza. Para evitar tales efectos es un recurso frecuente utilizar iluminaciones laterales y/o difusas. Sin embargo, ello puede considerarse algo más que una misión imposible, sobre todo cuando nuestro equipo se reduce a una cámara compacta con flash integrado y una luz desde luego nada difusa. Estas distintas luces y sombras sirven para catalogar a ambas en dos grandes familias: las duras y las difusas.

La luz difusa no controlada -por ejemplo, la luz rebotada de un flash- tiende a crear una zona de iluminación constante y uniforme, dando lugar al efecto conocido como "imagen plana".

La luz dura tiene su origen en una fuente luminosa que, concentrada en el sujeto, resulta en haces paralelos relativamente coherentes. Esto da a la luz –valga la metáfora- a una apariencia dura, vigorosa y cortante. La luz dura genera una sombra claramente definida y generalmente muy oscura. Cuando se emplea para iluminar una escena, todos los pequeños detalles se realzan y son mucho más visibles. El resultado no es siempre aceptable, precisamente debido a este efecto seco que provoca, pero en ocasiones es más que acertado.

La luz dura, como la solar, realza los detalles e imperfecciones de la escena, pero es muy útil cuando se quiere capturar una textura especial.

La luz difusa -también llamada luz suave o luz blanda- tiene un efecto opuesto al de la luz dura, especialmente cuando los ángulos de iluminación están adecuadamente controlados por el fotógrafo. A diferencia de la luz dura, la suave se traduce en una gran área de iluminación muy difuminada. Así pues, la luz suave tiende a esconder líneas, arrugas y defectos, por lo que es un recurso muy apreciado para la fotografía de belleza y moda.

La luz suave controlada genera una sutil combinación de luces y sombras blandas. Elimina las imperfecciones y da suavidad a la toma.

Al colocar una fuente de luz suave cerca de la cámara, se minimizan aún más los detalles de la superficie del sujeto u objeto capturado. Tal como hemos señalado antes, el efecto es el de una iluminación plana. Aunque su uso está bien visto para ciertos tipos de tomas, especialmente en primerísimos primeros planos de objetos donde las sombras oscurecerían detalles importantes, la iluminación plana deja sin profundidad al sujeto.

 

Eduardo Parra (Nividhia)

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